¿Qué pasó en Argentina?

Economía

Mauricio Macri recibió una paliza electoral. El incremento en los niveles de pobreza y desempleo, sumado a un gris escenario de inflación, inestabilidad cambiaria y recesión, sustentan la victoria arrasadora de Alberto Fernández, y su binomio Cristina Kirchner, en las primarias argentinas.

A pesar de que Cristina representa un regreso al reciente pasado populista, la situación económica fue determinante. El argentino votó con el bolsillo.

Las primarias, denominadas PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) son un espacio para que las organizaciones políticas diriman sus candidaturas de cara a las elecciones generales de octubre. En vista de que cada partido básicamente presentó candidaturas únicas, esta instancia electoral a la larga no fue más que una costosa encuesta universal y obligatoria.

En esta lid, el binomio del Frente de Todos, Fernández – Kirchner, alcanzó el 47,01% de los votos, contra un discreto 32,66% alcanzado por Juntos Podemos, de Macri y Pichetto. La explicación de esta abultada diferencia tiene varias aristas.

Macri heredó un país en bancarrota, que requería de decisiones económicas duras y urgentes. Sin embargo, por evitar un eventual golpe de impopularidad, el gobierno no tocó los subsidios y el gasto y, más bien, propuso un modelo laxo con un enfoque “gradual” de reformas.

A medio camino, cuatro años después, la inflación alcanza el 50% anual y el dólar llega a sus máximos históricos.

Por otra parte, la oposición jugó bien sus cartas. Consciente de su desgastada imagen, Kirchner cedió la candidatura presidencial a Fernández forjándose una sólida coalición entre el peronismo y el kirchnerismo.

Asimismo, presentó un discurso moderado y conciliador, que dejó sin piso a la estrategia macrista de instalar el miedo en el imaginario ciudadano.

¿Qué pasará hasta octubre?

Las probabilidades de Macri de remontar esos 15 puntos son mínimas. Especialmente, porque los mercados ya han reaccionado castigando a las empresas argentinas.

El riesgo país sube, el tipo de cambio se desploma y se multiplica la incertidumbre.

Ante esto, el gobierno ya anunció un nuevo “paquete” de medidas de alivio, con una confusa mezcla de incentivos y desembolsos que solo buscan apaciguar los ánimos. Nuevamente, nada de reformas estructurales.

En política no se puede ser tibio.

Con mi Netflix no te metas

cine, Cuenca, Economía

La semana anterior, el viceministro de Finanzas, Fernando Carrillo, anunció que para la próxima reforma tributaria el gobierno analiza gravar con impuestos a varios servicios digitales como Netflix y Spotify.

El argumento fue que estos servicios digitales (al igual que Uber y Cabify) requieren ser formalizados. No obstante, todos intuimos la verdadera motivación: se requiere subir los ingresos públicos, vía impuestos, para alcanzar las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.

De aprobarse en la Asamblea, este impuesto se sumaría a una larga cadena de tributos que ya estamos honrando para acceder a este servicio: el IVA de los dispositivos digitales para acceder a la plataforma, en algunos casos el ISD por ser un pago en el exterior, el IVA del proveedor de internet, el IVA del plan de celular, entre otros.

Por otra parte, si la intención es cobrar el impuesto como un recargo en el pago de la tarjeta de crédito, el afectado -como siempre- sería el usuario; por lo que un importante segmento de varios miles de ecuatorianos empezaría a pagar más para acceder a la plataforma.

En otras palabras, ver una película con la familia nos costará más dinero porque solo así se podrá seguir sosteniendo la obesa e ineficiente estructura estatal que todavía no entiende la más elemental y primigenia regla financiera: gastar menos de lo que se gana.

Pero lo del Netflix es solo un ejemplo (y por supuesto, lo de “con mi Netflix no te metas”, una inocua artimaña para captar atención).

Vamos a lo de fondo.

Lo que realmente preocupa es que la política económica para generar crecimiento no dista mucho de la aplicada en el pasado reciente: endeudamiento agresivo, restricciones al comercio y, sobre todo, nuevos impuestos.

Esta visión cortoplacista no cimenta bases para reactivar la economía, sino solo produce espejismos temporales de liquidez para cubrir las obligaciones más inmediatas.

El camino hacia un verdadero crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales.

Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

Innovación

Economía

La innovación es la clave para competir en un mundo globalizado. Sin embargo, todavía existe mucha confusión y ambigüedad alrededor de este término. 

La innovación no es sinónimo de creatividad, invención o desarrollo de nuevos productos; ni tampoco implica solo generar buenas ideas.

Asimismo, cualquier emprendimiento “novedoso”, por más revolucionario e interesante que parezca, en estricto sentido en su inicio no vale nada; pues las cosas adquieren valor solo si el mercado desea comprarlas. 

En este contexto, existen varios autores y obras que buscan explicar el significado de innovar. Una sencilla aproximación al término es la de la Fundación española COTEC que define innovación como “el arte de convertir las ideas y el conocimiento en productos, procesos o servicios nuevos o mejorados que el mercado reconozca y valore”. 

En otras palabras, se trata de rentabilizar el conocimiento y las ideas. 

Anualmente, la Universidad de Cornell y la Escuela de Negocios INSEAD examinan a 143 países para identificar sus capacidades y resultados en materia de innovación. 

Estos resultados se consolidan en lo que hoy conocemos como el Índice Global de Innovación. 

Este índice evalúa dos grupos de indicadores: los de entrada (insumos) y los de salida (resultados). En el primero, se evalúan las instituciones, el capital humano e investigación, infraestructura, sofisticación del mercado y sofisticación de negocios. 

En el segundo, se analizan los resultados en términos de producción de conocimiento y tecnología y producción creativa. 

Los resultados del informe 2018 ubican a Suiza, Holanda y Suecia en los tres primeros lugares del índice. América Latina recién aparece en el puesto 47, con Chile; seguido de Costar Rica, en el 54 y México, en el 56. Nuestros vecinos Colombia y Perú se ubican en los puestos 63 y 71, respectivamente. Ecuador recién aparece en la posición 95 (de 143). 

Entre los principales frenos a la innovación en nuestro país que se señalan en el reporte está una frágil seguridad jurídica, excesivas regulaciones laborales, dificultades para empezar un nuevo negocio, y en general una institucionalidad que no está favoreciendo el emprendimiento y la innovación. 

Urge que el gobierno priorice en su agenda el generar un ecosistema que favorezca las iniciativas con valor agregado y buena expectativa comercial. 

Así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con oportunidades, calidad de vida y bienestar.

Integración Sudamericana

Economía

La utopía de consolidar formalmente una “América Latina unida” es tan antigua como la propia Unión Europea.

No obstante, luego de cincuenta años de las primeras iniciativas, Europa se ha consolidado como una unión económica y monetaria -con un nivel de comercio intracomunitario superior al 70%-; mientras que América Latina presenta un penoso panorama compuesto por diversos bloques regionales que, a los sumo, han alcanzado el nivel de uniones aduaneras.

El fracaso más reciente es la UNASUR. Esta iniciativa, que nació como un proyecto eminentemente político, en la actualidad no pasa de ser un aceptable portal de internet.

Los promotores de la iniciativa, los otrora “compadres” del Socialismo del Siglo XXI, han desaparecido del escenario político, y con ellos también ese mediocre ideal de llevar al continente por la senda del chavismo. Hoy en la Unasur solo quedan 5 de los 12 miembros originales, principalmente por sus posiciones de silencio y complicidad con el atroz gobierno de Maduro.

Como respuesta a este fracaso, recientemente los presidentes de Chile y Colombia han emprendido un enésimo intento de integración en el sur del continente: el Foro para el Progreso y Desarrollo de América Latina (Prosur).

El proyecto hoy cuenta con el respaldo adicional de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay y Perú; y según sus fundadores está abierto a toodos los países de Sudamérica.

Sin embargo, a la fecha los únicos compromisos en firme que tiene Prosur son una serie de escuetas buenas intenciones de corte liberal, plasmadas en la llamada “Declaración de Santiago”. En la práctica pareciera un simple canje entre un ente de izquierda por uno nuevo de derecha.

En el contexto global vigente, la integración se presenta como indispensable. En los cinco continentes existe una multiplicidad de acuerdos regionales que han consolidado bloques con alto poder de negociación, en este sentido, muchas de las condiciones de intercambio comercial se discuten asumiendo posiciones de bloque.

Sin embargo, la energía se diluye al seguir creando coyunturales esquemas de integración en los cuales no se discute siquiera la posibilidad de ceder algo de soberanía en aras de alcanzar verdaderos objetivos comunes de comercio y desarrollo.

Lo único que tienen en común estas sucesivas mesas de ideológicas es que, hasta hoy, ninguna ha funcionado.

Buscar empleo en el siglo XXI

Cuenca, Economía

Conseguir empleo en este nuevo siglo es, precisamente, todo un trabajo. Atrás quedaron aquellas épocas en que únicamente la redacción de un currículum vitae y el tener un “conocido” en la empresa de nuestro interés eran las condiciones necesarias para acceder a una posición laboral.

Hoy las cosas han cambiado significativamente: los anuncios laborales ya no están en los clasificados de los periódicos, el hablar inglés ya no es un “plus” sino un punto de partida y el manejo de la tecnología es tan elemental como saber leer y escribir.

Asimismo, con el advenimiento de la globalización y su consecuente rompimiento de fronteras entre países, hoy un profesional cuencano puede ofrecer sus productos y servicios en cualquier parte del mundo. Y, de la misma manera, también profesionales extranjeros ya se encuentran trabajando en línea en algunas empresas de la ciudad.

En este nuevo escenario de interconectividad, así como se abren nuevas oportunidades para nuestros jóvenes, también emergen amenazas antes las cuales debemos estar preparados. En otras palabras, el mercado laboral nunca antes ha sido tan dinámico.

Hoy las ofertas de trabajo de las empresas se promocionan en portales de internet como multitrabajos o porfinempleo; incluso, hasta el gobierno ecuatoriano gestiona sus vacantes a través de una plataforma similar llamada “socioempleo”. Si bien todavía no desaparece la “hoja de vida” tradicional, nuestra forma de existir en el mercado laboral es a través de un perfil en la red social LinkedIn.

Pero quizá el cambio más significativo radica en que ahora las organizaciones no solo se limitan a evaluar la información que tú eliges y presentas al futuro empleador. Hoy los seleccionadores de personal durante el proceso de contratación “rastrean” tu huella digital en Google y redes sociales; y analizan todas tus otras cualidades y defectos que -siendo de tu vida privada- podrían incidir en el desempeño laboral.

Finalmente, así como ha cambiado la estrategia también ha cambiado el objetivo. Según el Foro Económico Mundial, el 75% de las profesiones del futuro aún no existen y el mercado laboral cambiará más en los próximos cinco años que los últimos cien. Asi, en poco tiempo empezaremos a ver que las empresas requerirán científicos de datos, brokers de redes sociales, electromédicos o ciberasesores financieros. En este escenario, si el gobierno, la academia y la empresariado no ponen esta realidad su agenda a corto plazo, podemos estar expuestos a una profunda crisis por falta de competitividad de nuestros talento humano.

El trabajo, como la energía, no se destruye… se transforma.

Emprendimiento en el Ecuador

Economía

La palabra “emprender” está de moda. Este término conceptualmente ha sido utilizado de forma muy amplia -y a veces imprecisa- pero siempre con una connotación positiva.

Desde una dimensión académica, los emprendedores son individuos que innovan, identifican y crean oportunidades de negocios, montan y coordinan nuevas combinaciones de recursos (función de producción), para extraer los mejores beneficios de sus innovaciones en un medio incierto.

El Global Report 2017/18, publicado por el Global Entrepreneurship Monitor, señala que el Ecuador es el país con la tasa de emprendimiento más alta de los 54 países analizados. Según el informe, uno de cada tres ecuatorianos adultos está vinculado con la creación de un nuevo emprendimiento. Sin embargo, el gran desafío está en que parte de estos emprendimientos no superan los 3 meses de operación: por dificultad de financiamiento o falta de rentabilidad.

Según el informe, nuestro emprendedor tiene en promedio 36 años, con un negocio orientado al consumidor, 11 años de escolaridad y el 48.8% proviene de hogares con un ingreso mensual entre $375 y $750. Además, el 33.4% tiene un empleo adicional a su negocio y el 50.2% es autoempleado. Un dato interesante es que prácticamente la mitad de quienes deciden crear un negocio lo hacen porque “ven una oportunidad” (57.31%) frente a la otra mitad que lo hace por “necesidad” (42.33%).

En un estudio reciente que realizamos en la Universidad del Azuay, bajo la dirección de José Vera y el apoyo de Andrea Freire, encontramos interesantes hallazgos sobre el emprendimiento en Cuenca. La mitad de los emprendemdores están en un rango etario de 26 a 35 años. Dos de cada diez emprendimientos son de caracter tecnológico, en donde se destaca que el 71.4% de los emprendedores tecnológicos tienen estudios universitarios o de postgrado frente a un 53.6% de los no tecnológicos. Asimismo, 7 de cada 10 emprendedores tecnológicos inició su negocio en sociedad; y 6 de cada 10 se dedica tiempo completo a impulsar su negocio.

Finalmente, el camino hacia un crecimiento económico sostenible parte con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales. Así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

Proforma 2018: ¿crecerá la economía el 2.04%?

Economía, sociedad

economy

Si bien es plausible y responsable que el Ejecutivo haya reducido el monto total de la Proforma Presupuestaria 2018, a primera vista las previsiones macroeconómicas utilizadas para su elaboración, especialmente la de crecimiento económico, son todavía bastante generosas. A partir de un análisis técnico realizado entre el Ministerio de Finanzas, el Banco Central y Senplades, el Gobierno estima que en 2018 el Ecuador alcanzará un crecimiento real del PIB del 2,04%. Sin embargo, esta expectativa dista mucho de las previsiones de los principales organismos internacionales que realizan estas simulaciones.

El último informe del Fondo Monetario Internacional, relativo a las Perspectivas de la Economía Mundial, advierte una sostenida recuperación de la economía global, con una media de crecimiento del 3.6% para el 2018. No obstante, el mismo Fondo también reconoce que muchos países se han quedado fuera de este proceso de recuperación económica; especialmente aquellos exportadores de combustibles; lo que lleva a que los modelos econométricos del FMI proyecten que el Ecuador solo crecería un 0,6% durante el próximo año.

Un dato más optimista, pero todavía muy alejado de las aspiraciones de los economistas ecuatorianos, es el presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL. En la actualización de sus datos macroeconómicos realizada el mes pasado, se pronostica un crecimiento general de la economía regional para 2018; sin embargo, Ecuador solo registra un crecimiento del 1%, el tercero más bajo luego de Venezuela y Cuba.

Quizás estas estimaciones estén equivocadas y se cumpla el supuesto del gobierno ecuatoriano. Ojalá así sea. No obstante, no debe pasar desapercibido que el crecimiento de la economía en la proforma se sustenta en más endeudamiento, nuevos impuestos y restricciones para la importación. El plan económico remitido a la Asamblea conjuntamente con la Proforma, a mi parecer, no incluye acciones contundentes para reactivar la economía, sino solo medidas temporales para generar liquidez y cubrir gastos inmediátos.

Por supuesto, celebro que en la proforma se dé especial interés en el gasto social, entre estos al plan Toda una Vida, ofrecido en campaña; sin embargo, de acuerdo a las condiciones actuales, el gobierno gasta más de lo que gana, y se vuelve imposible sostener algunos números. Urge, en este sentido, el desarrollo de un verdadero plan económico que siente bases a largo plazo y plantee objetivos concretos para la estabilización de las cuentas fiscales y el fortalecimiento del sector privado.

El camino hacia un crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales. Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.