Con mi Netflix no te metas

cine, Cuenca, Economía

La semana anterior, el viceministro de Finanzas, Fernando Carrillo, anunció que para la próxima reforma tributaria el gobierno analiza gravar con impuestos a varios servicios digitales como Netflix y Spotify.

El argumento fue que estos servicios digitales (al igual que Uber y Cabify) requieren ser formalizados. No obstante, todos intuimos la verdadera motivación: se requiere subir los ingresos públicos, vía impuestos, para alcanzar las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.

De aprobarse en la Asamblea, este impuesto se sumaría a una larga cadena de tributos que ya estamos honrando para acceder a este servicio: el IVA de los dispositivos digitales para acceder a la plataforma, en algunos casos el ISD por ser un pago en el exterior, el IVA del proveedor de internet, el IVA del plan de celular, entre otros.

Por otra parte, si la intención es cobrar el impuesto como un recargo en el pago de la tarjeta de crédito, el afectado -como siempre- sería el usuario; por lo que un importante segmento de varios miles de ecuatorianos empezaría a pagar más para acceder a la plataforma.

En otras palabras, ver una película con la familia nos costará más dinero porque solo así se podrá seguir sosteniendo la obesa e ineficiente estructura estatal que todavía no entiende la más elemental y primigenia regla financiera: gastar menos de lo que se gana.

Pero lo del Netflix es solo un ejemplo (y por supuesto, lo de “con mi Netflix no te metas”, una inocua artimaña para captar atención).

Vamos a lo de fondo.

Lo que realmente preocupa es que la política económica para generar crecimiento no dista mucho de la aplicada en el pasado reciente: endeudamiento agresivo, restricciones al comercio y, sobre todo, nuevos impuestos.

Esta visión cortoplacista no cimenta bases para reactivar la economía, sino solo produce espejismos temporales de liquidez para cubrir las obligaciones más inmediatas.

El camino hacia un verdadero crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales.

Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

Netflix te mira a ti

cine

En su sección “sugerencias para ti”, Netflix me acaba de presentar una larga lista de películas y series ¡y todas me gustaron! Asimismo, luego de ver las seis temporadas de House of Cards, me llegó un mail directo de la plataforma “recomendándome” ver una serie muy similar, Designated Survivor. ¿Casualidad? ¿Cómo sabe tanto Netflix de mí?

Creo que todos en algún punto nos hemos hecho estas ni preguntas.

Esa rara sensación de que “Netflix sabe más de mí que yo mismo” tiene una sencilla y la vez compleja explicación: DATOS. El sistema que está detrás de todo esto registra a precisión todos nuestros movimientos dentro de la plataforma: qué vemos, a qué hora, si terminamos el capítulo o solo unos vimos unos minutos, nuestros artistas y géneros favoritos y un largo etcétera. En definitiva, información suficiente para que los complejos algoritmos de la empresa construyan una infinita y eficaz base de datos.

De este procesamiento de información, lógicamente también se desprende la organización de las galerías, las secciones y, por supuesto, de las obras que estarán incluidas en cada visualización, que además varían según el horario de cada usuario. Incluso, por este filtro pasan detalles tan finos como cuál sería la imagen más adecuada para mostrar en la carátula de las películas y la series; es decir, si es que hemos tenido cierta preferencia por algún actor, las portadas de otras películas mostrarán no su afiche oficial sino un primer plano del personaje de nuestra preferencia. Mientras tú miras Netflix, Netflix te mira a ti.

Por otra parte, recientemente la plataforma marcó un nuevo hito en su exitoso derrotero al unirse a la Asociación Cinematográfica de EEUU (MPAA), siendo el primero servicio de streaming en incursionar en este gremio. Este paso resulta natural si revisamos la serie de galardones que las producciones Netflix han tenido en los últimos años. Desde sus primeros reconocimientos en el Emmy, con House of Cards, hasta las 14 nominaciones para el Oscar de este año, 10 de estas por la película Roma, del mexicano Alfonso Cuarón.

Finalmente, vale recordar que desde el inicio Netflix nos presentó una nueva forma de hacer las cosas. Hoy la plataforma tiene más de 150 millones de suscriptores y varios proyectos para seguir como un actor relevante en la industria cultural mundial. Salvo que ocurra algo no programado, el único obstáculo que parece tener la plataforma es que el día solo tenga 24 horas.

Puntos luminosos -y otros oscuros- de El Despertar de la Fuerza

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cflqs1wVoy a tratar de hacer una crítica equilibrada sobre El Despertar de la Fuerza. Mi situación me lo permite. No soy uno de esos miembros fanáticos de la Iglesia del Jediísmo, ni tampoco un apático que se siente “orgulloso” de formar parte del supuesto “1%” que no ha visto ningún episodio de la saga. Simplemente, soy alguien que disfruta de ver buenas películas con cierta regularidad, nada más.

Este análisis utiliza una metodología muy simple, una lista pequeña de las cosas buenas y otra de las no tan buenas; partiendo de un criterio y concepto central: existe un gran consenso de que el Episodio XVII es una buena película .

Puntos Luminosos

  1. Una adecuada transición generacional. Es evidente que los personajes clásicos no podrían seguir siendo los protagonistas de la nueva trilogía, por lo que la audaz combinación de personajes de la nueva generación con los héroes legendarios da un interesante equilibrio a la trama y nos prepara para ir olvidando a los héroes clásicos sin mucha nostalgia.
  2. Menos pantallas azules y más realismo. Creo que todos, en algún punto, nos hemos saturado de la sobrecarga de imágenes digitalizadas. El regreso de los escenarios reales, naves y armas más verosímiles, supresión de los antipáticos personajes caricaturescos, entre otros detalles, han alivianado a la película, especialmente frente a los sobrecargados episodios I, II y III.
    Con este recuperación del estilo original de la saga, la atención se centra en la historia que van construyendo los personajes y no en esas forzadas batallas más cercanas a la animación que a la space opera.
  3. Diversidad étnica y potenciación de la mujer: En ningún otro episodio se pudo encontrar, desempeñando papeles estelares, actores de diferentes razas: Finn es afrodescendiente; Poe, latino; Rey, blanca. Asimismo, si bien en los episodios anteriores las mujeres tuvieron en varios tramos un rol de guerreras (Padme o Leia); nadie se esperaba que una mujer sea la heredera del mítico lightsaber de la dinastía Skywalker. Estas dos condiciones sitúan al filme en un escenario más cercano a la cotidianidad, en donde el espectador puede sentirse más identificado y parte de la historia.
  4. ¡Nos deja con ganas de más! Al iniciarse una nueva era en la saga, existe mucho pasado en cada uno de los protagonistas por lo que todos estamos a la espera que, en episodios posteriores, podamos tener algunas respuestas a varias preguntas: ¿Ray es una Skywalker? ¿De dónde salió Snooke? ¿Qué historia hay detras del sable de Luke? Son interrogantes que, a través de las secuelas y nuevos episodios, esperamos sean aclaradas.

Puntos Oscuros

  1. Un guión poco original. Para todos fue evidente el parecido con la saga original: un héroe (heroína) que no sabe que lo es; escapes forzosos en el Halcón Milenario, el drama padre hijo, una nueva Estrella de la Muerte que solo puede ser destruida por un disparo preciso… En definitiva, la película pisa sobre terreno seguro, utilizando todo todos los recursos que cautivaron a la audiencia en la trilogía inicial.
  2. El malo no es tan malo. No solo en saga sino en la historia del cine será muy difícil crear un personaje con tanta maldad y personalidad como fue Darth Vader; sin embargo, un villano inseguro, titubeante y con berrinches de adolescente como Kylo Ren no es lo que esperábamos. ¿Por qué se quitó el casco? Al menos el estar cubierto el rostro le daba -algo de- respeto y misterio.
  3. Peleas estelares inverosímiles. Los duelos con el lightsaber son una parte esencial del encanto de la saga; sin embargo, por forzar que existan estas batallas en el guión -y así complacer a los fans- el director del film llegó al ridículo. Kylo Ren, que fue en un inicio jedi y luego Caballero de Ren, y recibió instrucción del mismísimo Luke Skywalker, no pudo aniquilar de un sablazo al temeroso y torpe Finn que su vida había empuñado la legendaria arma jedi.
  4. “I know kung fu”. ¿Recuerdan esa frase en Matrix? Pues exactamente de esa misma forma llegó Rey a dominar las milenarias artes marciales jedi. Incluso, el propio Luke Skywalker tuvo que ser discípulo de Yoda, entrenar tres capítulos y entender a cabalidad “la fuerza” para ser “coteja” del representante del lado oscuro. Pero no, en esta ocasión hace falta solo empuñar el sable y tener una confusa visión de Obi Wan Kenobi para estar presto a derrotar al villano. Falto que diga “Ya sé utilizar el sable de luz”.

Finalmente, la película es entretenida, emocionante y con la dosis adecuada de guiños a las primeras ediciones que dejan ese sabor de alegre nostalgia. Hay que disfrutarla como lo que es: una película. Más de eso es pasarse a otro plano, que no es el del entretenimiento.