Lenín, ¿y el empleo?

Durante la última campaña presidencial, Lenin Moreno tildó de “demagógica” la propuesta de Guillermo Lasso de generar un millón de empleos durante sus cuatro años de gobierno. Más bien, “responsablemente” ofreció crear 250 000 empleos por año.

Al margen este desafortunado lapsus, lo que realmente preocupa es que, luego de dos años de gestión, no solo que no se ha generado un solo empleo, sino que los indicadores laborales advierten un escenario preocupante: al cierre de julio de 2019 se han destruido 143 620 plazas laborales desde que Moreno está en el poder.

Por lo expuesto, el Gobierno nos debe 650 000 empleos: 500 000 de los dos años pasados y 150 000 de los empleos perdidos.

Es decir, si el Gobierno todavía quisiera cumplir con su propuesta de campaña, durante los próximos dos años se deberían recuperar los 650 000 empleos no generados más los 500 000 empleos correspondientes a 2020 y 2021. En total: 1 150 000 plazas laborales.

En otras circunstancias, quizá una excusa razonable hubiera sido haberse encontrado con un país ilíquido, lleno de compromisos con terceros e ingresos disminuidos. No obstante, el haber sido vicepresidente de Correa naturalmente impide a Moreno jugar esa carta y, más bien, sitúa al mandatario en una incómoda posición entre lo ingenuo y lo mediocre. Muestra de ello es el escaso nivel de popularidad que apenas bordea el 20%.

Otra propuesta de campaña fue impulsar el empleo de los jóvenes, misma que ha intentado ser canalizada a través de programas como Mi primer empleo y Empleo Joven, sendas iniciativas que involucran un significativo aporte desde lo público. Sin embargo, todavía hay mucho por hacer pues únicamente 2 de cada 10 jóvenes tiene un empleo adecuado. Incluso, los niveles de desempleo juvenil alcanzan el 10%, más del doble de la media nacional que alcanza un 4,4%. En definitiva, otra deuda pendiente.

Si bien actualmente se está discutiendo en el Gobierno varias iniciativas para flexibilizar las formas de contratación, cualquier decisión por sí sola es insuficiente. El camino hacia un crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales.

Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

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