Conclusiones Electorales: capítulo Quito

Si bien el sorpresivo resultado de las elecciones seccionales de Cuenca se ha convertido en un caso de estudio, el impensado triunfo de Yunda en Quito también merece cierta profundización.

El punto de partida: la escasa representatividad de su votación. Prácticamente, solo 2 de cada 10 quiteños apostó por su candidatura. Sin embargo, estos 279 462 votos (de un total de más de millón y medio) fueron suficientes para que Yunda derrote a sus 17 adversarios. La explicación es simple: demasiados candidatos y, por ende, dispersión y fragmentación del voto.

El centro derecha -que a mi juicio presentó los mejores cuadros- dividió irresponsablemente el voto de la clase media. Entre Montúfar, Solines, Holguín y Vintimilla suman un tercio del pastel. En su momento, Mauricio Pozo tuvo la claridad de avizorar lo que se venía, pero la vanidad obnubiló la sensatez pragmática de este lado de la vereda. Hoy todo ese electorado se lamenta.

Por otra parte, Paco Moncayo, favorito desde el inicio, se desconectó de la gente. Evadió debates, no renovó su discurso y se confió de que era suficiente mantener la imagen de “abuelo sabio” en un momento en que el joven alcalde Rodas desvaneció esa ilusión de tener autoridades jóvenes en la capital. El general termina su carrera política con un penoso tercer lugar y la Izquierda Democrática nuevamente es sepultada a nivel nacional.

Yunda también tiene mérito, sin duda. A más de su natural popularidad como empresario de la comunicación, con un discurso coloquial, una campaña vistosa e ideas creativas, se apropió del imaginario del estrato popular. Los envenenados dardos clasistas solo fortalecieron su voto duro, también ofendido por estos desplantes de las supuestas élites ilustradas.

En este escenario de fuerte dispersión, el disciplinado voto duro del correísmo conduce a que la lista 5 se posicione como la primera fuerza política en el Concejo Metropolitano y, de paso, se lleve la prefectura de Pichincha.

Luisa Maldonado y Jorge Yunda suman el 40% de los votos del electorado quiteño, porcentaje que debería interpretarse como un voto rechazo hacia los candidatos de la clase media, quienes no se esforzaron por entender las necesidades y expectativas de los estratos más populares. Se lee como otra derrota de las élites.

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