Emprendimiento en el Ecuador

La palabra “emprender” está de moda. Este término conceptualmente ha sido utilizado de forma muy amplia -y a veces imprecisa- pero siempre con una connotación positiva.

Desde una dimensión académica, los emprendedores son individuos que innovan, identifican y crean oportunidades de negocios, montan y coordinan nuevas combinaciones de recursos (función de producción), para extraer los mejores beneficios de sus innovaciones en un medio incierto.

El Global Report 2017/18, publicado por el Global Entrepreneurship Monitor, señala que el Ecuador es el país con la tasa de emprendimiento más alta de los 54 países analizados. Según el informe, uno de cada tres ecuatorianos adultos está vinculado con la creación de un nuevo emprendimiento. Sin embargo, el gran desafío está en que parte de estos emprendimientos no superan los 3 meses de operación: por dificultad de financiamiento o falta de rentabilidad.

Según el informe, nuestro emprendedor tiene en promedio 36 años, con un negocio orientado al consumidor, 11 años de escolaridad y el 48.8% proviene de hogares con un ingreso mensual entre $375 y $750. Además, el 33.4% tiene un empleo adicional a su negocio y el 50.2% es autoempleado. Un dato interesante es que prácticamente la mitad de quienes deciden crear un negocio lo hacen porque “ven una oportunidad” (57.31%) frente a la otra mitad que lo hace por “necesidad” (42.33%).

En un estudio reciente que realizamos en la Universidad del Azuay, bajo la dirección de José Vera y el apoyo de Andrea Freire, encontramos interesantes hallazgos sobre el emprendimiento en Cuenca. La mitad de los emprendemdores están en un rango etario de 26 a 35 años. Dos de cada diez emprendimientos son de caracter tecnológico, en donde se destaca que el 71.4% de los emprendedores tecnológicos tienen estudios universitarios o de postgrado frente a un 53.6% de los no tecnológicos. Asimismo, 7 de cada 10 emprendedores tecnológicos inició su negocio en sociedad; y 6 de cada 10 se dedica tiempo completo a impulsar su negocio.

Finalmente, el camino hacia un crecimiento económico sostenible parte con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales. Así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

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