El secreto de la felicidad, no es secreto.

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Varias investigaciones revelan que, para la mayoría de las personas, la clave de la felicidad se encuentra en acumular a lo largo de su vida una considerable cantidad de dinero; o en alcanzar espacios de reconocimiento social que provoquen que el resto de la gente los conozca y hable de ellos. La felicidad, entonces, pasa ser una lejana quimera, especialmente porque sabemos que ambos propósitos generan un suerte de adicción: incluso si ya tenemos mucho de ambos, querremos más.

Fama, fortuna y poder. Quizá está poderosa relación trinómica es el mejor agente motivador que empuja al ser humano a buscar constantemente su superación personal y profesional; pero definitivamente perseguir (o lograr) estos ideales no coadyuvan hacia un fin ulterior como el de tener o alcanzar una vida feliz. Hace más de dos mil años Buda Gautama ya lo advertía: “no hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”.

Ante esta realidad, desde la Universidad de Harvard nos llega un apasionante estudio (Harvard Study of Adult Development) que identifica científicamente cuáles realmente son aquellas claves que nos conducen a alcanzar un vida de sostenida felicidad. A partir de seguir la pista a la vida de más de 700 personas durante casi 80 años, el Dr. Robert Waldinger concluye que el secreto para llevar una vida saludable y feliz radica en mantener buenas relaciones con cónyuges, familia, amigos y, en general, con la comunidad.

Técnicamente, el hallazgo señala que aquellas personas que mantenían relaciones interpersonales fuertes estaban más protegidas contra enfermedades crónicas, mentales e, incluso, contra la pérdida de la memoria. La soledad, a la larga, mata. No obstante, es oportuno precisar que no se trata de sumar ese “millón de amigos” o conocidos. Todo lo contrario. Como en todo en la vida, se valora la calidad de relaciones, no la cantidad: amistades sanas, duraderas y positivas.

¿Qué podemos hacer? Creo a esta altura del artículo todos tenemos bastante claro los caminos. Menos Snapchat y más reuniones de amigos, fútbol de barrio y barbacoas. Recuperar la ilusión y el asombro a tu relación de pareja: volver a los largos paseos, citas en la noche y sorpresas inesperadas. Y, sobre todo, deponer ese estéril orgullo que nos impide superar los resentimientos con varios familiares y amigos. “Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”, decía con mucha razón el Dalai Lama.

Finalmente, no es necesario volver crear ministerios específicos, con abultados e inútiles presupuestos, para que se ocupen de entender qué es esto de la felicidad. El concepto, por su simpleza y a la vez por su complejidad, se aleja mucho de la manipulación de las diferentes esferas de poder.

La buena vida se construye con buenas relaciones.

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