Articular la gestión turística en Cuenca

El Cajas
El Cajas, Cuenca, Ecuador. Fuente: cuenca.com.ec

Desde una perspectiva turística, el feriado del 3 de noviembre pasado fue un éxito rotundo. Cerca de 200 000 personas de todo el país disfrutaron de las actividades festivas, se ocupó el cien por ciento de toda la capacidad hotelera de la ciudad y se inyectó algunos millones de dólares a la economía local. El panorama es alentador para un sector que, durante los últimos años, ha sido golpeado sucesivamente por la crisis económica, las obras en el centro histórico y los problemas de conectividad interna.

Sin duda, este repunte del turismo en la ciudad no es casualidad. Desde los diferentes niveles de gobierno se organizaron campañas promocionales en otras ciudades, eventos musicales, festivales, concursos, ferias, fiestas populares, entre otros atractivos, con el propósito de incentivar la llegada de turistas nacionales. Igualmente, el sector privado también amplió el abanico de atracciones con conciertos, tours, nuevos almacenes y una vasta oferta de actividades nocturnas. Desde todos los frentes, se evidenció un gran esfuerzo.

De la misma manera, desde el GAD Municipal de Cuenca también se han realizado interesantes gestiones de relaciones públicas que han conducido a que la ciudad obtenga galardones como el World Travel Award, llamado el “Oscar” del turismo; y la certificación Destino Sostenible, entregada por la consultora alemana Tourcet. En la misma línea, gracias a la gestión de la asambleísta cuencana Lourdes Cuesta, la Asamblea Nacional reconoció por unanimidad a la ciudad como Destino Turístico de Calidad, mismo que será oficializado a través de un Acuerdo Ministerial. En definitiva, pareciera que el turismo ha recobrado su fuerza y relevancia en todos los espacios de la sociedad.

El próximo paso, en mi opinión, consiste en articular a todas las instituciones, públicas y privadas vinculadas al turismo, hacia la consecución de objetivos concretos para potenciar a la ciudad como destino turístico nacional e internacional. Si la ciudad contara con solo un Plan Estratégico de Turismo, sin duda se optimizaría los recursos y presupuestos de todas las organizaciones y el impacto final sería mucho más contundente.

Basta con imaginar qué pasaría si el Festival de Cine La Orquídea no fuese solo la iniciativa de una institución, sino un esfuerzo mancomunado de todos los niveles de gobierno, academia y empresa privada. Para empezar, se podrían impulsar Ordenanzas para garantizar los fondos anuales para su organización (y evitar cancelaciones), la publicidad -al ser ejecutada por varias instituciones- tendría un mayor impacto a nivel local, nacional e internacional; se contaría con más espacios físicos para funciones, actividades académicas y sociales. Si todo esto pasara, no sería descabellado soñar que nuestro festival de cine llegue a ser el “San Sebastián” de Latinoamérica.

En fin, cumplir estos grandes sueños es mucho más fácil si todos los actores comparten una misma visión que los conduzca a que cada actividad diaria, por más pequeña que esta sea, contribuya a la consecución de objetivos suprainstitucionales. Quizás la academia, por su naturaleza universal y pluralista, puede ser la entidad que convoque y abra este primer espacio de convergencia en donde, por lo menos, se pueda llegar a definir los primeros objetivos a largo plazo para la construcción de la tan necesaria marca ciudad.

Todo dependerá de la voluntad política de quienes están al frente.

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