El silencio de los inocentes

censor

Como están las cosas, hoy en día tenemos que pensar más de una vez lo que queremos decir o -con mayor rigurosidad- publicar en internet. La censura, actividad que otrora era ejercida con exclusividad por el bando conservador, últimamente ha adquirido nuevas facetas y matices bajo la conducción de las alas más progresistas de la sociedad. No es extraño ver que, desde cada frente, se forman ejércitos digitales organizados al servicio de la dictadura de lo políticamente correcto.

Hace poco meses, el puritanismo clásico activó todas sus células para condenar -y finalmente reubicar- el controversial ‘Milagroso Altar Blasfemo’, exhibido en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, propuesto por el colectivo boliviano Mujeres Creando.  Una vez más, la sociedad tradicional ha demostrado que no ha claudicado en su histórica cruzada por la defensa de sus valores religiosos y familiares. Para este segmento, el arte es territorio de la libertad, siempre y cuando no atente a sus creencias y status quo.

Sin embargo, hasta cierto punto este tipo de reacciones curuchupas no llaman la atención. A lo largo de la historia del Ecuador, la Iglesia católica ha tenido fuerte injerencia en varios gobiernos y su toque particular ha estado presente en la definición de políticas,  formulación de leyes y, muy especialmente, en el proceso de decidir qué está bien y qué está mal para la sociedad y la familia. De un día para el otro, es difícil renunciar a esta larga herencia de condenar todo aquello que se oponga a la moral cristiana.

Pero lo novedoso -a mi juicio- está en la esquina del frente: en la izquierda, en el progresismo; sector político que toda la vida lucho contra los dogmas, por la libertad de expresión y pensamiento. Hoy, los progresistas, en su afán de reafirmar los derechos -que con mucha justicia han logrado alcanzar varios grupos históricamente excluidos- han montado una maquinaria mediática al servicio de la corrección política. “Negro”, “gordo”, “maricón”, “indio”, “puta”, entre otras; son palabras deben ser empleadas en cualquier discurso con una precisión solo comparable a la de la cirugía de alta complejidad. Se están llegando a excesos en donde el no repetir el “los y las, el y la” -cinco veces en un párrafo- puede valernos la etiqueta de retrógrados o enemigos de la inclusión.

Por supuesto -y que quede muy claro-, no se trata de justificar el insulto, el machismo o el racismo. Para nada. Simplemente, pretendo evidenciar que, bajo la tiranía de la corrección política, se están convirtiendo en insulto palabras que antes no lo eran, y estamos convirtiendo en seres obsesionados en no ofender. Y son en estos contextos capciosos en donde personas que se atreven a decir sin tapujos lo que piensan, de forma radical, empiezan a brillar y ser referentes para las masas: Trump. 

Hoy, conservadores y progresistas convergen, luchan y muestran sus armas en territorio hostil: las redes sociales. Sin necesidad de conscripción previa, todos estamos invitados a enlistarnos en uno de los ejércitos y ser un soldado censor más, con la noble misión de buscar, identificar y condenar a quien comenta cualquier ‘crimen lingüístico’. La represión y el escarnio ya no viene desde la autoridad, sino de la misma sociedad. De nuestros pares e iguales. Juan Soto Ivars define a esta evolución de la censura como postcensura, una censura posmoderna, que ya no es vertical sino horizontal.

Ante tal presión, quedan pocas trincheras (quizás el humor); pero lo más cómodo ha sido convertirnos en hábiles creadores de eufemismos que nos alejen lo más posible de tener en nuestro historial algún desafortunado hashtag (#machista #racista #correista #opositor). Como señala Javier Marías, «la lengua sirve para unir y para separar, para acercar y alejar, atraer y repeler, engañar y fingir, para la verdad y la mentira».

La única censura tolerable es la autocensura.

2 comentarios sobre “El silencio de los inocentes

  1. Para muchos la libertad de expresión es ofender la creencia de los demás. O sea, ¿y dónde queda el RESPETO al derecho ajeno? Esos ateos, se creen superiores que los demás solo porque dicen que creen en ellos mismos. Acaso los ateos hicieron el universo?? Tengan humildad ateos, uds. son igual de mierdas que los curuchupas, ambos son dañinos para la sociedad. Publica esto a ver, es mi derecho a expresarme.

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