Juventud, ¿divino tesoro?

millennials-on-mobilesSi observamos el comportamiento de los jóvenes en el hogar, la escuela o la calle, más de uno se preguntará con recelo: ¿Hacia dónde va la sociedad? ¿La juventud está perdida? ¿Cómo serán nuestros gobernantes del mañana?

Resulta difícil entender a esta nueva especie de criaturas que destinan largas horas del día a construir alter egos digitales para interactuar unos pocos minutos entre sí a través de las redes sociales; mientras que en el mundo terrenal sus inseguridades, decepciones y problemas los llevan querer replicar estos paraísos artificiales gracias a estimulantes y alucinógenos.

Pareciera que los jóvenes solo buscan vivir los placeres del momento. No tienen rumbo definido: su única motivación es poder capturar el mejor selfie con el grupo de gente más popular del medio o con el artista/deportista de moda. Ante nuestro intento de conectarnos con ellos, nos responden escandalosos, irrespetuosos y extravagantes.

¿Tenemos esperanza? Lo expuesto me lleva a citar una concluyente reflexión:

“Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos”. Estas líneas, que parecieran describir nuestra sociedad contemporánea con una precisión de diccionario, fueron pronunciadas por el filósofo griego Sócrates, aproximadamente 400 años antes del nacimiento de Cristo.

No queda duda que la insolencia juvenil, finalmente, es una enfermedad milenaria.

Seguramente, esa ‘memoria selectiva’ que tenemos los seres humanos es la que elimina de nuestro recuerdo aquellas escenas de rebeldía y superficialidad propias de la temprana juventud y, más bien, nos pone a primera mano de consulta la corrección política, el status quo y los principios más conservadores.

Cada error cometido, lección aprendida o época superada, es un elemento más que construye nuestro espejismo mental de un mundo arquetípico en el que todo tiempo pasado fue mejor. Y olvidamos que, algunos años atrás, recibimos las mismas críticas y reclamos. Nos parecemos más al tiempo que nos toca vivir que, incluso, a nuestros padres.

Los jóvenes siguen siendo irreverentes, autosuficientes y arrogantes; per es esta misma generación (con su visión, preparación y forma de hacer las cosas) la que está transformando la historia de la humanidad como nunca antes.

Si a pesar de lo expuesto, usted sigue ‘nervioso’ sobre lo que nos espera, tenga presente las palabras de George B. Shaw: “la juventud es un mal que se cura con los años”.

 

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